La primera caída







Ni camisetas estampadas, ni pantalones cortos. Lo más llamativo del look veraniego de mi niño son las espinillas con moratones y las rodillas llenas de raspones. Como se pasa el día corriendo de un lado para otro, que se caiga alguna vez es algo normal. Si pasa dentro de casa, no suele ser nada grave, pero, en la calle, la cosa cambia. Son calles empedradas y con adoquines, por lo que no se salva del raspón y menos a esa velocidad que lleva. Menos mal que compensa la torpeza (que no es torpeza propiamente dicha, ¿quién no ha tenido algún accidente haciendo algo durante todo el día?) con la inteligencia. Cuando se cae, se arquea hacia atrás, en plan barco, por lo que nunca llega a darse con la cara en el suelo. Cada día, rezo para que siga todo así, ya que las heridas de guerra que luce por ahora no son graves para nada.

 


La primera caída


No voy a hablarte sólo de caídas desde el suelo, sino de todo tipo de caídas que haya sufrido mi crío. ¿Recuerdas la primera caída de tu hijo?

La primera caída del crío fue brutal. Nos dejó un mal cuerpo y una sensación de culpabilidad que nos duró todo el día y parte de los siguientes. Nunca antes había llegado a caerse de ninguna forma. El caso es que volvíamos de las vacaciones de primavera (porque si te dan vacaciones el uno de junio, eso sigue siendo primavera, como ya comenté en otro post) y el año pasado, a diferencia de otros años, no hacía calor todavía. El calor llegó cuando veníamos de vuelta, pero todavía quedaban varios días antes de volver al trabajo y decidimos aprovechar esa subida de temperaturas para una escapada de última hora. Llegamos, lo meditamos bien y nos pusimos a buscar destino. Todo eso, con el niño sentado en el sofá jugando con unos coches. Bien, pues se le cayó un coche y fue a buscarlo, inclinándose hacia delante con una habilidad que no es propia de un niño de un año. ¡Qué rapidez, vaya velocidad! Sólo me dio tiempo a agarrarlo por una pierna, pero creo que el daño ya estaba hecho. No sabría decir si, de no haber sido así, la cosa podría haber acabado aún peor.


El bestial desenlace...


Como resultado, se quedó con las piernas en el sofá, el cuerpo a medio camino y la cabeza echada hacia atrás con un ángulo que daba miedo tan sólo verlo. La cara estaba pegada al suelo. Reaccionamos tan pronto como pudimos, lo cogimos y vimos que, además de un bollo increíble que le ocupaba casi toda la frente, también estaba sangrando por la nariz. Debido a esto, el susto para nosotros fue mucho mayor, por lo que salimos corriendo hacia el centro de salud, donde finalmente, tras observarlo, nos dijeron que no tenía nada. Le hicieron seguir la mirada a una linterna, le palparon el bollo y poco más. Por lo visto, los golpes en la parte trasera de la cabeza son mucho peores. Respecto a la nariz, el niño debe tener alguna venilla más frágil de lo común, lo que le hace sangrar al mínimo golpe. Esto, lo hemos comprobado posteriormente en otras caídas no tan aparatosas. En ese momento, viendo cómo tenía la frente, pensamos al principio que la cosa era mucho más grave y la sangre no provenía de la nariz, sino de la cabeza. Acojonados era poco…

A día de hoy, aún me estremezco cuando pienso en esa primera caída… es lo que tiene ser padre primerizo.






¿Cuál ha sido la peor caída de tu hijo?

Comentarios

  1. Hay caídas de lo más tonto...que por su espectacularidad nos dejan de lo más acojonados. Por suerte a veces sólo quedan en un buen susto. Un abrazo

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    1. Menos mal que los niños son de goma, como dicen por ahí, jejeje.

      ¡Gracias por comentar!

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  2. Mi chica tiene ya 16 años pero recuerdo la más bestia cuando cayó de una altura de dos metros a plomo en una barra de esas de columpio. Directos a urgencias con un susto increíble. Tendría 4 años 👶🏻😍

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    1. Vaya... Tener niños es estar siempre con el alma en vilo.

      ¡Gracias por contar tu experiencia!

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  3. Mi pequeña tiene casi 4 años y cualquier día me la quita los servicios sociales de los moratones que tiene en las piernas. No te puedes imaginar lo que se mueve esta cría. Y claro... los golpes son proporcionales. Ya se ha roto un bracito cayendose del tobogán subiendo por la parte que no debía, es decir al contrario, y se ha abierto el labio cuando corría con las dos manos ocupadas y se calló de bruces. Con suerte, entre comillas, el golpe ese fue en la guardería y no estabamos nosotros cerca. En serio, temo a mi pequeña porque no se está quieta ni un momento. Y todo lo que se le ocurre es peligroso.

    Besotes

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    1. Te entiendo a la perfección. Yo también estoy temiendo el día que se dé un mal golpe porque no deja de hacer travesuras y, en cuanto me descuide un momento, seguro que se lo dará.

      ¡Gracias por tu comentario!

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